Ir a comer a un chino es cuestión de gustos. Al rededor de ellos siempre surgen tórridas historias y leyendas urbanas como que "cazan" los patos del parque para hacer los platos, que si es curiosos que nunca nadie ha visto un funeral de un chino, etc. Para nuestros gustos, no tienen término medio. O gustan o son odiados pero, desde luego, no tienen ni punto de comparación con la comida tradicional china. Para eso si hay que tener un buen estómago y ni una pizca de miedo, mucho más si se trata de un concurso para ver quién es el más rápido cocinando.
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